Una Novata En Un Cuento De Hadas < Official · 2025 >
—¡Por fin! —rugió la mujer—. La novata ha llegado. Pasa, niña. No muerdo, a menos que intentes corregirme la gramática.
—Se nota —suspiró un grillo que vestía un frac de seda azul mientras afinaba un violín minúsculo—. Llevas la lógica pintada en la cara. Esa es una enfermedad muy grave en estas tierras. Si intentas que dos más dos sumen cuatro, terminarás con un dolor de cabeza o, peor aún, convertida en una tetera. Una novata en un cuento de hadas
La cabaña de la bruja no estaba hecha de gominolas ni de chocolate, sino de libros viejos y frascos de mermelada etiquetados con nombres extraños como "Risas de martes" o "Melancolía de charco". La bruja, una mujer con el pelo del color de las nubes de tormenta, no tenía verrugas ni escobas voladoras. Estaba sentada frente a una montaña de calcetines desparejados. —¡Por fin
—¡Ay! —exclamó una flor de pétalos amarillos—. Ten más cuidado, forastera. No todos los días viene alguien con botas de suela de caucho a interrumpir nuestra siesta. Pasa, niña
—¿Cómo sabía que vendría? —preguntó Elara, entrando con cautela.
Esa tarde, Elara no luchó contra dragones ni besó a príncipes dormidos. Simplemente ayudó a una bruja a emparejar calcetines que viajaban entre dimensiones y aprendió que, en un cuento de hadas, el mayor acto de valentía es dejar de intentar tener la razón.
La bruja sonrió, y por un momento, sus ojos reflejaron constelaciones enteras.
